
Mi pecosita y hermosa abuelita Mercedes, junto a Linda, la integrante más joven de la familia. El amor une generaciones.
"Lo que eres, es el regalo de Dios para ti. Lo que hagas con lo que eres, es regalo de ti para Dios"... No sé quién lo dijo pero acertó.


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| foto BBC |
Una playa inmensa, un cielo infinito, más de mil personas sobre la arena, y fue en mi cabeza el único lugar que encontró un ave para cagarse.
Mi primer visita a una zona turística de Miami, fue adornada por hermosos paisajes, los topples más sensuales, y unos pequeños gramos de mierda de paloma.
El incómodo y oloroso suceso, se expuso como el augurio de los buenos tiempos que, bajo ese bautizo animal, podria tener el recien llegado a las tierras del Tío Sam. ¡ Claro! ese era el cuento que ayudaba a ponerle fe a un hecho que más bien parecía una señal de mala suerte que de prosperidad. Por fortuna ni las vacas ni los elefantes vuelan, me dijo un pariente. De lo contrario, no estaríamos limpiándolo sino desenterrándolo primo. ¡Caramba! el humor negro no escasea ni en la familia. De una paloma fui su sanitario y de algunos amigos el hazme reir por casi un año.
Nueve años después y en Nueva Jersey, una hermosa escena de un ave quieta, que posó para mi lente sin temerme, me hizo pensar que esa parte del reino animal me ofrecía disculpas. Se las acepté, y disfruté fotografiando a ese encantador y tierno ser.
Me di cuenta que no estoy en este mundo únicamente para que todo salga como quiero, sino también para querer todo como salga. Al fin y al cabo, cada situación presente en mi vida, ha sido el resultado de un deseo anterior. Logros que aveces no veo por enfadarme, por desconcentrarme, por atemorizarme ante escenas que aún luciendo desagradables, tristes, adversas, son peldaños que forman parte de la escalera. Aquella que nos puede guiar a la cima eterna de la armonía o a la profundidad infinita de la agonía.
Dar las gracias por lo que se tiene, bendecir todo lo que nos sucede y concentrarnos unicamente en lo que nos hace feliz, nos ayuda a disfrutar desde ya, de un reino Divino, del que somos herederos.
Por Javier A. Suárez

Descripción de una tormenta de nieve sobre Nueva York y Nueva Jersey, cuatro días antes de la Navidad 2009. Por Javier Suárez

No dejes de hablar de amor aunque en soledad recorras la calle. De tú corazón vacío puede brotar un sabio mensaje.
Afirma con firmeza "sí se puede" cuando puedas. En la oscuridad de tus difcultades alumbra la luz de tus bondades.
Una vez al día, al mes o al año, cuando sientas el impulso regala un noble comentario.
No tienes que ser un santo para alabar a Dios con cantos. Un segundo de melodía, de un alma afligida, resuena más que un concierto de mil hipócritas en vigilia.
Ayuda a alguien a encontrar su camino, aunque el tuyo esté cada vez más perdido. Sin ser un payaso podrías generar sonrisas y disfrutar de la paz que brindan las sinceras risas.
Un odontólogo con los dientes podridos no tendría credibilidad, pero el testimonio de alguien con la dentura descompuesta motiva a otros la boca cuidar.
Como periodista, padre, hijo, amigo, cristiano, escritor, amante o poeta, mi vida no es perfecta. Pero es mía, con sus causas con sus consecuencias.
Aunque algunas veces nos admiremos en las superficies de ajenos cristales, cada cual tiene su propio espejo para mirarse. Si cuando observes la vida por el mío, ves entonces mi imagen distorcionada, recuerda que mi espejo- como el tuyo- también se empaña.





Por: Javier A. Suárez


Hubo una vez una fotografía que le dio la vuelta al mundo pero el mundo no dio la vuelta por ella, siguió "patas arriba".
"La niña y el buitre" imagen impactante captada en marzo de 1993 por el lente del fotógrafo sudanés Kevin Carter, cerca a un campamento de las Naciones Unidas, desplegado para asistir a los refugiados que huían de una salvaje guerra y hambruna en Sudán, Sudáfrica.
Luego de recibir en junio de 1994 el Premio Pulitzer por dicha gráfica y con 33 años de edad, Carter se suicida en su auto. Para unos, la muerte del fotógrafo es el resultado de una conciencia sumergida en el remordimiento. El no haber hecho nada para salvar a una niña en aparente agonía y esperar con cautela el momento ideal para la foto ideal, condujo a Kevin hasta el límite del sufrimiento. Pero una carta escrita por Kevin, deja al descubierto que el conjunto de escenas de muerte y miedo captadas por su cámara a lo largo se su tiempo como gráfico reportero, terminaron desgastando su esperanza y felicidad.
Para otros, es más morbosa y cruel la indiferencia ante los graves problemas. En el caso de "La niña y el buitre" resultó más fácil para sectores involucrados en esa triste realidad, señalar de inhumano al fotógrafo, que asumir la responsabilidad por la situación en Sudán.
Versiones posteriores describen que la niña de la foto no estaba agonizando ni el buitre esperando para desgarrar sus restos. El lugar de la fotografía es el área donde acudían a hacer sus necesidades fuera del refugio y el buitre sólo espera con paciencia que la menor le compartiera un poco de la mierda que el mundo a ella le regalaba con la indiferencia.
Si pudieras identificarte con algún elemento externo o interno de esa famosa foto, ¿cuál serías?- ¿ el buitre, el espectador, el fotógrafo o la niña?
Yo, en varias etapas de la vida he sido de todo lo anterior un poco. Buitre, sí esperando la caída de alguien indefenso para sobrevivir de su derrota, de su dolor. He sido ave de carroña en vez de poderoso halcón. El chisme es un buitre, el pesimismo lo es , lo mismo el egoísmo, la envidia, la mediocridad y la maldad también.
Espectador: ¡ Uffff! casi toda la vida. Ver y luego hablar es tan sencillo, pero observar y actuar, eso sí que es distinto. No puedo solucionar el problema del hambre en Sudán, pero al ver esa foto especial, lo mínimo que podía hacer antes de sólo compadecer, es dar gracias por los alimentos que a mi mesa llegan. Por las tierras de mi patria que aún se siembran, por los campesinos que la semilla riegan. En fin...etc.
El fotógrafo: Bueno por mi profesión y de vocación de periodista, la fotografía es parte de mi día a día. Pero en términos generales todos somos fotógrafos de guerra sin cámara en algún momento. Pendientes por la ventana del escándalo ajeno. Si en la calle hay un muerto con los sesos en el pavimento, el que más se horroriza es el que más quiere verlo. En fin...etc.